¿Hasta cuándo?

Llevamos 20 días de confinamiento en casa por culpa de la pandemia del famoso coronavirus y aún no hay fecha de vuelta a la normalidad. No sabemos cuándo podremos salir a la calle, cuándo podremos abrazar de nuevo a nuestros familiares y amigos o cuándo abrirán los comercios y las escuelas. Todo es una incógnita.

De momento, lo único que sabemos es que el gobierno ha prorrogado el Estado de Alarma hasta el próximo día 11 de abril, pero es “voz populi” que habrá que prorrogarlo aún más, aunque ojalá sea con medidas menos restrictivas. Incluso se habla de que los peques ya no volverán al colegio hasta septiembre.

Todo esta situación es una locura. Una locura que a mí, por lo menos, me pilló totalmente de imprevisto (aunque imagino que como a la mayoría).

De hecho, el confinamiento nos pilló reformando nuestro nuevo piso y, evidentemente, la obra ahora está totalmente parada. Así que, mientras no podamos mudarnos, estamos pagando los gastos de dos pisos. Además, mi actividad laboral se ha visto paralizada porque mi sector, lógicamente, no es una prioridad ahora para las empresas  y con tres niños en casa tampoco iba a poder hacer mucho, por no decir nada. Por contra, mi marido trabaja por cuenta ajena y puede teletrabajar lo que ahora mismo y dadas las circunstancias es toda una suerte. Aunque él también tiene una startup que ha tenido que paralizar hasta que todo esto pase, lo que nos supone también una pérdida de ingresos importante.

Vamos, que como a todos, el coronavirus nos ha pillado, pero bien pillados. ¡Ojo!, y nosotros no nos podemos quejar, sabemos que con el sueldo de mi marido podemos vivir. Tendremos que ajustarnos el cinturón como muchas familias, pero podremos tirar hacia delante sin problemas. Pero no todas las familias tienen la misma suerte, tengo amigos y conocidos que los dos adultos de la familia son autónomos y tienen su actividad parada sin saber cuándo podrán retomarla. Hay gente y familias a las que ahora mismo lo que menos les preocupa es el virus, lo que más les angustia es saber cómo saldrán de esta situación económicamente hablando.

Ayer escuché a mis vecinos discutirse a grito pelado por la desaparición de 10 euros que necesitaban para el pan y esto, no ha hecho nada más que empezar.

Parece ser que en Italia, donde el virus empezó a arrasar con todo días antes que aquí, ya hay personas que han ido a comprar a supermercados y al llegar a caja han dicho que no podían pagar la compra, pero que tenían que llevársela  para poder alimentar a sus hijos.

Estamos ante una situación mundial muy complicada.

Evidentemente, ahora la prioridad es salvar vidas, solo faltaría, pero qué hacemos con el después. ¿Cómo vamos a solucionar lo que viene después?

Vivo desde hace días en una montaña rusa de emociones. Unos días más optimista, otras muy de bajón (no ayuda tener a una muy buena amiga ingresada por culpa del maldito coronavirus). Pero la sensación que no varía con el paso de los días, es la de no ser capaz de imaginar que esto pasará. No veo la luz al final del túnel.

No soy capaz de ver el momento de salir a la calle con normalidad, de reanudar la obra del piso, de mudarnos, de que los peques vuelvan al cole, de retomar mi trabajo y, por supuesto y lo más importante, de poder abrazar a los míos. Es como si mi mente hubiese asumido que esto es lo que hay y que no va a cambiar… Qué sensación tan extraña.

Sé que pasará y que todo volverá a la “normalidad” aunque no sea capaz de visualizarlo, pero también pienso que no todo volverá a ser como antes. Al menos durante muchísimo tiempo. Quien más y quien menos sufrirá la pérdida de alguien cercano o conocido o, como mínimo, habrá tenido a alguien ingresado en el hospital solo y asustado. Muchas empresas no podrán levantar las persianas y las que lo hagan tendrán que recuperarse y eso llevará tiempo, los autónomos, en muchos casos, tendrán que volver a empezar o reinventarse y eso tampoco es tarea fácil y, así, un sin fin de cosas más.

Ojalá esté equivocada, ojalá en breve todo sea como antes y mis preocupaciones hayan sido en vano.

Y hasta aquí mi desahogo 😉 (por el momento)

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